Friday, November 16, 2007

Viaje a la frontera entre México y Estados Unidos

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Traducción por Sonia de los Santos

Durante un show en Nueva York a principios de este año, mencioné que mi grupo y yo habíamos estado trabajando con varios músicos latinos en una colección de canciones de Puerto Rico, México, Colombia y la República Dominicana; entre otras partes de América hispano parlante, y que era nuestro CD "pro-inmigración". En otras palabras, mientras el debate acerca de quién debe o no vivir en los Estados Unidos está latente, nosotros nos estamos divirtiendo con nuestros amigos en la música, celebrando la cultura de la que gozamos gracias a la inmigración.

Después de ese concierto conocí a Joseph Nevins, un profesor de geografía y autor del libro "Operation Gatekeeper", quien acudió a nuestro show con su familia. Ellos acababan de regresar de Tucson, el epicentro urbano de los problemas en la frontera de México y Estados Unidos. Ahí habían estado trabajando con varias organizaciones uniendo esfuerzos por reducir las muertes de los migrantes y cambiar la legislación para proveer posibilidades más humanas para los trabajadores de México y Centro América que buscan empleo en el norte. Les mencioné que no entendía mucho de la situación, pero que me gustaría conocer más. Antes de esperarlo, Joseph había hecho un itinerario para mi viaje a Tucson y así ver, por mi mismo, lo que estaba sucediendo.

Pasé el primer día manejando y excursionando por el desierto de Sonora siguiendo las huellas de los migrantes con un grupo humanitario llamado "Los Samaritanos". Lo primero que me impactó fue que aquello parecía una zona militar con agentes patrulleros de frontera armados en camionetas y helicópteros ejerciendo una presencia dominante. Me sentí perturbado y avergonzado al ver a grupos de migrantes, hombres y mujeres de todas las edades, que habían estado caminando por varios días; cansados, deshidratados y desmoralizados, con nada más que las camisetas colgadas en sus espaldas, siendo capturados en camiones. Nos detuvimos mientras un grupo de los migrantes capturados era llevado a un camión y llevado de vuelta a la frontera. Una mujer en el grupo estaba embarazada y cuando los Samaritanos preguntaron si era posible que le dieran una botella con agua, el chofer del camión contestaba con un insistente "NO ". Después vi a un pequeño grupo de migrantes entre los cuales estaba una niña de unos trece años, la edad de mi hija, siendo acosada por los agentes patrulleros con perros y llevada a una camioneta. Es una guerra desalmada y dolorosa.

Aunque aún estoy tratando de comprender la situación con toda su complejidad, he estado mencionado esto en conversaciones con gente en mi área: a mitad de los 90´s la administración de Clinton hizo un llamado para incrementar la seguridad en la frontera en el área de San Diego, la cual en ese tiempo era el punto principal de entrada para los migrantes. Se gastaron billones de dólares, millas de pared fueron construidas, fueron instalados sensores bajo tierra y la patrulla fronteriza fue incrementada dramáticamente. Lo único que cambió fue que cuando la gente en México no puede hacer el dinero suficiente para darle de comer a sus familias arriesga su vida cruzando a Estados Unidos en el calor infernal del desierto de Sonora y Arizona en vez de hacerlo por California. El número de migrantes que cruzan la frontera no bajó con el aumento en la seguridad, mientras que el número de personas que mueren en el camino si ha aumentado. Al ser partícipe de esto, no pude dejar de sentir que es una situación de teatro trágico político con un gran costo tanto en dólares como en vidas. Entre casi toda la gente que conocí, existe el pensamiento de que mientras nosotros en los Estados Unidos no intentemos cambiar de raíz la causa de la extrema diferencia económica, agravada por los acuerdos de libre comercio de los últimos 10 años; no hay manera de construir un muro que detenga a la gente que no puede alimentar a sus familias y que está dispuesta a arriesgar su vida por encontrar trabajo aquí. Puesto de forma más simple, ¿podemos, como hijos de Dios, estar tranquilos mientras nuestros vecinos están sufriendo?

Mi segunda mañana en Tucson la pasé en el comedor "Casa María" a cargo de trabajadores católicos, donde muchos de los migrantes hacen su primera comida caliente en su viaje. Cientos de personas de todas las edades, principalmente mexicanos y centro americanos, esperan en línea para comer. Esa tarde viajé con ≤Maryada Vallet≤, otro grupo humanitario cuyo slogan es ≤No más muertes≤, mientras decían: ≤La ayuda humanitaria nunca es un crimen≤. Fuimos hacia Nogales, en el estado de Sonora, donde la organización ha establecido un punto de ayuda con comida y primeros auxilios para ofrecer ayuda a los migrantes que han sido capturados y enviados de vuelta al lado mexicano de la frontera. Pudimos ver varios autobuses cargados de personas que bajaban desmoralizadas habiendo sido dejadas al cruzar la frontera de México. La desolación y el trauma físico y emocional en sus rostros era abrumador. Voluntarios del grupo ≤No más muertes≤, tanto mexicanos como ciudadanos americanos, les curaron las manos cortadas por alambres, los pies llenos de ampollas y les dieron el agua y la comida que tanto necesitaban. Muchos de los migrantes que son capturados y regresados a México intentarán cruzar la frontera de nuevo.

Mi tercer día empezó a las cinco de la mañana para manejar hacia Altar, Sonora con Kat Rodríguez del grupo ≤Derechos Humanos≤, un grupo que pelea contra la militarización de la frontera y la discriminación y el abuso de los derechos humanos por oficiales y agentes federales, estatales y locales. Altar es uno de los lugares en donde gente de todas partes de México y Centro América llega a concretar sus planes para cruzar la frontera. Toda la economía de este lugar está basada en las necesidades de los migrantes: calcetines, mochilas, alimentos no perecederos, calzado y agua son vendidos en las plazas. Camiones llenos de gente llegan diariamente y eventualmente se dividen en grupos de 15 a 20 personas que son llevadas a la frontera localizada a una hora de Altar, donde empiezan caminando un trayecto que les tomará varios días. Pasamos varias horas en el centro de este pueblo mientras Kat repartía folletos que decían ≤Conozca sus derechos≤. El ambiente en este lugar era abrumador: nerviosismo, emoción, deseo, miedo en las caras de los trabajadores a punto de hacer un peligroso trayecto hacia el norte. Habiendo sido testigo de la desolación en el rostro de los migrantes que regresaron a Nogales no pude evitar sentir una gran tristeza en Altar.

Pude ver la experiencia de los migrantes desde distintos ángulos, cada uno de ellos dolorosos, llenos de frustración y de furia. Sin haber tenido la suerte de conocer a un profesor y a la generosidad de la gente que trabaja sin descanso en las líneas de frente en Tucson, pude haber estado años sin tener la más mínima idea de la tragedia que ocurre en nuestra frontera del sur. Todos los días en los periódicos se pueden encontrar recordatorios de que el trato inhumano hacia nuestra gente en el sur no es exclusivo en el área fronteriza, gestos racistas, ataques y deportaciones son parte de la vida diaria de muchas personas en Estados Unidos. El espíritu de la separación entre ≤nosotros≤ y ≤ellos≤ se ha permeado en nuestro diálogo nacional. Para algunos de nosotros, puede ser fácil decir una frase como ≤aumento de la seguridad fronteriza≤, pero la imagen de pobres hombres, mujeres y niños cansados y hambrientos- como la gente trabajadora con la que crecí en New Hampshire (excepto que ellos nacieron al sur de la frontera) - siendo acorralados en el desierto y llevados de vuelta a México, donde en la desesperación tratarán de cruzar otra vez, es una triste pieza en el gran rompecabezas de nuestro fallido sistema nacional de inmigración y políticas económicas.

Mi estancia en Tucson terminó con un concierto familiar en el Teatro Rialto. Mi grupo y yo fuimos acompañados en el escenario por el cantante sonorense de música folclórica Salvador Durán y los miembros del legendario ≤Mariachi Luz de Luna≤. Como siempre, la alegría impredecible del sonido de los músicos que se conocen mientras gente de todas las edades canta y baila con nosotros, me hizo sentir las mejores e infinitas posibilidades de la vida.

Fue la música la que me llevó a querer conocer más de todo esto. Es imposible no escucharla, está en todas partes aquí en Brooklyn. Norteño, son jarocho, bomba y plena, reggaetón, mariachi, merengue, salsa, cumbia, rock en español, resonando desde los radios en los carros, las ventanas de los apartamentos, los parques, restaurantes y tiendas. Fue la música la que abrió mis ojos y me hizo querer entender la vida, tradiciones, sueños y dificultades de otros. Fue la música la que eventualmente me llevó a la frontera sur.

Tengo ahora muy claro que debemos comprometernos en el debate sobre la inmigración. Si podemos ser un país sano, vibrante y exitoso en el siglo XXI, la intolerancia, el miedo, la apatía, la exclusión y la avaricia deben ser contrarrestadas con el amor, la generosidad, la aceptación, el respecto, la celebración y sí, la música.

Amor,
Dan

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1 Comments :

Blogger Warren Tranquada said...

Thank you, Dan, for the extensive and moving description of your experiences. The border is indeed an important issue. There is, however, another side of the story as well. You might want to hang out in line at a local immigration facility. In Newark, the line starts at 3 or 4 in the morning every day (even in the rain), filled with hundreds of people trying to follow the complicated rules, at great financial expense, often without the guide of a lawyer. You will hear stories here as well, and see the prototypical US immigrant - hard working, and law abiding people.

I bring up their story, because you may find little sympathy in that line for people trying to bypass the system. Especially when these people who have waited years to get their official papers are being portrayed by the media and politicians as criminals. Nothing infuriates legal immigrants as much as being assumed to be illegal. In addition to walls, the other common political response to illegal immigration is to increase the burden on legal immigrants, with more paperwork, higher fees, more restrictions and longer wait times. Which just makes folks more interested in jumping the fence.

I think the real solution comes from simplifying the immigration rules. That is the real cause here (as well as, as you point out, the economic disparities that make immigration attactive). If the legal immigration channels were simplified and based on sensible criteria (such as economic opportunities, job offers, skills etc - instead of the current system which primarily rewards existing family connections), you may find the number of people risking their life to cross illegally would go way down. Make the legal alternative attractive, and everyone wins.

Thanks again for raising this important issue.

November 16, 2007 5:38 PM  

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